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HEGANG, China (AFP) – Las familias de los mineros muertos en la explosión de grisú ocurrida el sábado en una mina del nordeste de China están furiosas, piden cuentas: el balance de víctimas llega a 104 muertos y quedan pocas esperanzas de encontrar supervivientes.
El lunes, en Hegang, en la provincia de Heilongjiang, cerca de la frontera rusa, las autoridades debían hacer frente a la desesperación y la ira de las familias de las víctimas, 48 horas después del más grave accidente minero registrado en dos años.
Delante de una de los oficinas de la mina Xingxing, perteneciente a la firma estatal Longmai, un grupo de mujeres esperaba noticias, gritando y llorando.
“No sé nada de mi marido, tiene 42 años y yo 40″, dice una de ellas. Otra se queja igualmente de no haber recibido ninguna información sobre su hermano, que se encontraba en la mina al ocurrir el accidente.
Las dos mujeres, que rehusaron decir sus nombres, fueron acompañadas después al interior de las oficinas.




